¿Has escuchado que para comprar un producto primero debes fijarte bien en la fecha de caducidad? Pero sean francos cuántos de ustedes lo hacen? ¿Van al súper y pacientemente toman unos segundos más para voltear el producto y revisar si está pasado o pronto vencerá y ya no servirá? Es poco probable que lo hagan
¿Por qué comienzo con tanta pastrulada este posteo? Creo que hoy desperté más pastrula que nunca, o que hay algunas dudas que ni el gogglear las resuelve. Y es que hoy me di cuenta que hay amores que nacen con la fecha de caducidad impresa, y lo peor de todo es que lo sabemos y no nos importa.
Y no me refiero a que tienes en mente que hay cosas que no duran para siempre y que en algún momento todo ese romance terminará. No, no es eso, me refiero a cuando sabes perfectamente que ese amor tan bonito, tan lindo que has aceptado comenzar tiene fecha y hora marcada para terminar.
Pero aún así en tu momento de mayor arrojo, de valentía o de mayor estupidez aceptas y te entregas de lleno. Porque quieres sentir que por una vez fuiste amiga de la felicidad, porque aún cuando acabe todo y los recuerdos te acompañen, quieres poder decir que fuiste dueña de un amor bonito. Y es entonces que la fecha de caducidad importa un bledo. Qué importa que vaya a durar poco si vas a experimentar por un momento lo que es bello. Entonces tus dudas bajan un poco su volumen para dejarte escuchar el sonido de tu celular, que te anuncia un nuevo mensaje. Y mientras lo lees y dices: “que atorrante”. Te das cuenta que la visa de tu cariño ya fue finalmente entregada.
(Algo profético fue este posteo)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario